Imagen: Teodoro Núnez Ureta. Sachaca, Arequipa, 1970

Teodoro Núnez Ureta. Sachaca, Arequipa, 1970

Testimonio de Víctor Andrés Belaunde

“Había chicherías y picanterías en todos los barrios de la ciudad y principalmente en las aldeas de la campiña. Eran centros de conversación y de buen yantar; se realizaban en ellas meriendas y comilonas con platos criollos preparados con ají o con el elemento decorativo y más exultante del rocoto, el cardenal de los excitantes. La bebida popular era la chicha de jora, que hoy comienza a ser desplazada por la cerveza. La sociabilidad en las comidas se manifestaba por el cambio de bocados con que se obligaban recíprocamente los amigos y compadres o las libaciones en un solo vaso gigante y, continuamente renovado, inagotable.

Es cierto que los locales eran a veces estrechos, oscuros y sin ventilación; mesas blancas, primitivas y banquetas rústicas, siendo raras las sillas. Tenían algunas picanterías, pintorescas enramadas y glorietas en los pequeños jardines o huertas y en ellas podían realizarse los bailes criollos o los indígenas, alternando los yaravíes con los huaynitos. Muchas chicherías eran frecuentadas no solo por el pueblo; pequeños propietarios, empleados y profesionales eran parroquianos de las más reputadas, para gustar del ambiente campechano, los platos criollos y dar pábulo a su afición a la chicha y luego, en la ocasión oportuna, el eficaz bajamar del pisco, que era para nosotros el espléndido aguardiente de cabeza traído de Majes o de Vítor o elaborado en la misma Arequipa.

En las excursiones al campo, a pie o a caballo, eran las picanterías el único recurso para tomar una refección o hacer una pascana. Las había en mi época famosísimas como las del Alto del Río de Paucarpata o algunas de Tiabaya. Estas chicherías eran en cierto modo centros democráticos pues se juntaban en ellas modestos aldeanos con visitantes que venían de Arequipa, jinetes en bien aderezadas caballerías. La chichería fue la expresión de la sociabilidad popular en Arequipa. Tuvo influencia decisiva en los amoríos y aún en la política. Esperamos de algún historiador vernáculo una reconstrucción detallada y artística de esta institución arequipeña”.


Víctor Andrés Belaunde. Arequipa de mi infancia. Lima, Imprenta Lumen, 1960.